Lo llaman política

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El otro día, leyendo un suplemento económico, salían las cien empresas en las que más a gusto se trabajaba. Entre las setenta y cuatro primeras no figuraba ningún medio de comunicación.

Es decir, hay muchos lugares mejores que un medio de comunicación para trabajar. Sin embargo, hay gente que no ha pisado la facultad de Ciencias de la Información, que jamás pasó por una redacción, y que por ende, “no ha hecho la calle”, que le ve “a esto del periodismo”, un gusanillo especial.

La verdad es que ese duende lo tiene esta profesión, aunque sin perder de vista el compromiso ético con los lectores, oyentes o telespectadores, cosas que se enseñan en la facultad y que se aprenden, ejerciendo.

Unos, los licenciados, formados y ejercientes, y los otros, los del gusanillo, comparten ecosistema, el de la información y del de la opinión, en donde el tercer elemento, el receptor de todos esos mensajes, no tiene porque saber si lo que tiene delante es un periodista o “un periodista”, entrecomillas.

Y ahí es donde empezamos a tener un problema. ¿En manos de quién está la información? ¿Quién la procesa? Y sobre todo, ¿Cómo se procesa esa información? ¿Bajo qué criterios? ¿Qué se pone? ¿Qué se quita? ¿Qué se añade?

A un periodista se le puede exigir responsabilidad, criterio, compromiso ético. A “un periodista”, entrecomillas, no, aunque el destinatario final no pueda distinguir, de entrada, entre uno y otro. Aunque yo soy de los que creo que la audiencia cada vez está más formada e informada, por lo que cada vez puede ser más exigente, y saber separar el grano de la paja, no podemos ser ajenos a este “phising” de la información, que llegar, llega a todos por igual.

A un panorama poco regulado, en el que hasta ahora, prácticamente todo vale, se une la aparición del fenómeno de los blogs.

Con muy pocos medios técnicos, y unos mínimos conocimientos tecnológicos, cualquiera puede tener un blog. Un blog, concebido como algo personal, para hablar de tus cosas, de tus preocupaciones, pero también para informar y opinar.

Lo de la opinión, creo que no ofrece dudas a nadie, y si es así, háganselo mirar. Opinar puede opinar cualquiera de lo que quiera, y además con el atractivo que ahora ofrece la visibilidad global que proporcionan estos cuadernos de bitácora.

¿Informar? Pues aquí tenemos otro debate nuevo para nuestra maltratada e incomprendida profesión. Aunque aún tardará en generalizarse el fenómeno, ya existen experiencias en internet de blogs, de aquí, del vecino de al lado, que con una cámara digital y una lista de correo, están asentándose como “diarios digitales”, “portales de información”, llámenlo como quieran, con la complicidad de las instituciones, que tampoco saben muy bien como gestionar esta novedosa situación

El fenómeno, como les digo, es incipiente en España, y ni les cuento en Cantabria, pero en Estados Unidos, está generando debate.

En la NBA, los bloggers especialistas en baloncesto quieren acceder a los vestuarios de los jugadores como el resto de medios. Hace unos meses leí el caso de los Dallas Mavericks, y en internet, el debate está abierto, periodismo tradicional o periodismo ciudadano.

Yo digo PE-RIO-DIS-MO, sin conservantes ni colorantes, y sin apellidos, que no le hace falta.

Oscar San Emeterio

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Dedicado especialmente a alcaldes y alcaldesas que tienen el teléfono muy flojo para llamar al director de un medio (directamente o por persona interpuesta) y cuestionar la labor de un/a periodista. Desgraciadamente conocemos casos verídicos, recientes y… cercanos.

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Declaración de la FAPE

Día mundial de la Libertad de Prensa

3.05.2008

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España reitera que el ejercicio del buen periodismo requiere:

1º.- Del espacio más amplio posible para la crítica, sometido únicamente a los límites que fijan las leyes y controlan los Tribunales.

2º.- De una diligente búsqueda de la verdad, bajo el principio de verificación, de una correcta atribución de fuentes y del respeto a las personas e instituciones, especialmente a las más débiles. Todo ello con un objetivo: ofrecer a los ciudadanos relatos interesantes, relevantes y consistentes.

3º.- Evitar, denunciar y perseguir las situaciones de precariedad laboral e inseguridad profesional, que van directamente contra la profesionalidad, la independencia y la calidad de la información y la opinión y conducen al descrédito de los medios ante los ciudadanos.

4º.- Diligencia en las rectificaciones, tanto como en las críticas, e interés para escuchar a los ciudadanos y propiciar espacios públicos para el debate ciudadano.

INSTA a los editores a compartir esos principios, a ser explícitos en sus líneas editoriales y a estimular la independencia profesional y una correcta separación de la información y la opinión, y de la información y la publicidad, con objeto de proporcionar a los ciudadanos las mayores garantías de credibilidad y fiabilidad.

INSTA también a los políticos y gobernantes a la transparencia en sus actuaciones públicas, a la no discriminación en sus procedimientos informativos, campañas públicas y concesión de licencias y a someterse regularmente a los procedimientos clásicos en las democracias mediante conferencias de prensa con preguntas y repreguntas de periodistas profesionales.

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Aunque no me prodigo demasiado en estos menesteres, hoy quería hacer una breve reflexión sobre un fenómeno emergente que está dejando a las claras cuál es el verdadero nivel del columnismo regional, en franca expansión. Franca, y hasta desorbitada.

El nacimiento de El Mundo Hoy en Cantabria ha traído aparejados varios fenómenos que están cambiando ciertos clichés, removiendo conciencias y modificando la línea del horizonte, que ahora, aunque más definida, sigue en una nebulosa, antes por la inacción ahora por el ruido, mucho mucho ruido.

Si antes el problema era que opinaban diez,  sobre tres o cuatro cosas, ahora hemos llegado a la vulgarización del columnismo, al todo vale, todo cabe, nada sobra… tanto tanto ruido.

Frente a dos o tres columnistas acostumbrados a opinar con criterio, y muy leídos, tenemos toda una fauna de imposible clasificación que incluye periodistas, ex-periodistas, no periodistas, así como las más diversas profesiones, procedencias, y alguna que otra ideología (habitualmente la misma), cuando esta sobresale, que no es siempre.

Destacaría la página dos de El Mundo (Hoy en Cantabria), y La Marea del DM, que reflejan, salvo honrosas excepciones, los mejores ejemplos del cajón de sastre opinativo en el que se está convirtiendo, como decía más arriba, la cosa esa de opinar.

Decía John Stuart Mill, que las columnas de los periódicos no cambian la mentalidad del público lector. Lo que hacen es confirmar la que ya tienen. Confrontando ese razonamiento con el panorama actual que padecemos, podríamos concluir que tras leer ciertas cosas no cambia tu mentalidad, pero sí es posible que lleguemos a plantearnos si merece la pena pagar por ellas.

No es cuestión de opinar o no opinar, ni siquiera de filtrar a quien opina o no sobre un tema, o mirar su DNI. Se trata de algo tan simple como tener algo que contar, que tenga interés, que no caiga en lugares comunes, que nos abra ventanas y no que nos adorne las que ya tenemos.

Señores columnistas, hay gente al otro lado de la página que emplea una parte de su tiempo en compartir con ustedes tinta y papel. No nos jodan.

En algunos casos, muy concretos, y claramente identificados, sí sería necesario cuestionar las capacidades lingüísticas y literarias del opinador, vamos, que sepa escribir.

Y es que, no basta con colocarse en la solapa, sin luz y ni taquígrafos, la etiqueta de periodista… que a alguno… le queda muy grande y bastante lejos de sus capacidades.

Creo que “me se entiende”.

Y yo soy uno de ellos, pero a partir de este artículo lo vamos a tener un poco más claro. Estoy seguro que al leer esto pensará, “pero que dices…, si yo ya se lo que es la política.” Pues bien, la política es el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos.

El problema está entre la forma de hacer política de unos y de otros, y yo no pienso que sea tanto por grupo o partido político, más bien que es cosa de personas. Hay que entender que la política está ligada al poder y el poder ofrece también riqueza. Pero quien se mete en política buscando poder o riqueza no es más que un corrupto político. ¿Quieren saber cuantos políticos corruptos hay en Cantabria? Muy fácil, si hacemos una encuesta y les preguntamos a uds. lectores si les gustaría entrar en política para conseguir poder o riqueza y el 99%, yo incluido, les digo… ¿Dónde hay que firmar?

Pero claro, aunque nos parezca lo contrario, debemos confiar que existen muchas personas que realmente y sinceramente están en política para la consecución de unos objetivos que lleven a una mejor administración de los recursos disponibles, para generar desarrollo y una mejor distribución de la riqueza.

En política no se puede ser sincero, esta prohibido, lo que mola es ser políticamente correcto, guardar las apariencias y decir que hay que decir con tal de no dejar de salir en la foto. ¿Saben a quién es al que más miedo tiene un político?… Si, han acertado, a un periodista. La respuesta esta clara, és el que busca la verdad y la publica para desenmascarar a ese político de la foto, a ese personajillo político corrupto. Desde luego no todos los periodistas son iguales, unos más y otros menos profesionales, también hay que tener en cuenta el visible partidismo de muchos de los medios de comunicación, incluso de muchos periodistas.

Lo mejor de todo esto es que pese a todo, cuando salta la mierda de los políticos, siempre hay algún periodista que airea, señala y anuncia las buenas nuevas. Lo peor de todo esto es que pese a todo las cosas siguen igual, y los políticos corruptos lo saben. Así que ahora ya sé lo que es la política…, “mamá quiero ser político como Revilluca.”

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Va a ser un poco raro trastear con el navegador sin caer en la sana tentación de pinchar en el que para mí ha sido, con diferencia, el mejor blog cántabro hasta la fecha. Voy a echar mucho de menos al Perplejo, sus reflexiones (casi siempre acertadas), su creatividad, su espíritu crítico, y a sus muchos e interesantes comentaristas, ocasionales o no, que me hacen creer firmemente en esta tierra y en sus gentes.

Definitivamente hay otra forma de enfocar la realidad que nos rodea. Tanto durante mi etapa en Periodistas de Cantabria, como en este último lujo asiático como co-editor del Cántabro Perplejo, he corroborado una y otra vez que algo está fallando, la actualidad y la realidad no coinciden prácticamente en nada, quizás algo más en época electoral… pero oyendo algunas promesas de última hora, ni eso.

Esta no es una región dormida, aunque durante muchos años así haya sido. Aquí hay talento, mucho que se ha ido, otro tanto que se queda, y desde luego una parte importante que vuelve después de un tiempo. Hay ganas de cambiar las cosas, e INTERNET es una buena herramienta para apoyar ese proceso, aunque a veces tengas que convivir con “trolles” que lo único que buscan es hacer daño bajo el anonimato, señal inequívoca de su cobardía, su mediocridad, y de que la tienen pequeña (esto último es una bromilla de mal gusto, pero como tampoco lo va a leer nadie, ahí queda).

Afronto esta nueva etapa más sólo pero también más independiente. Sigo firme en mi convencimiento de que hay que seguir moviendo el cesto para a ver si con un poco de suerte, las frutas podridas van cayendo, y nos quedamos con lo bueno, y lo decente.

Lo llaman política, porque si lo llamaran de otra manera sería hipocresía, cinismo o mediocridad. Los políticos son personas, con vidas tan respetables como la de cualquiera, con sus anhelos, sus virtudes y sus defectos, pero atrapados también en un sistema que saca lo peor de cada uno.

Embutidos en ideología y con el paraguas de un partido político hemos llegado a un punto en el que todo vale, el votante es tonto, pasado mañana se le habrá olvidado la penúltima barbaridad proferida en un mitin.

Y enfrente, una turba periodística que desgraciadamente cada día está más a la altura. Muchos han conseguido, bajo no sé cuál argumentación deontológica, que los políticos nos dividan entre fachas y rojos. No existe el término medio y sí dos trincheras bien definidas.

En estos algo más de dos años blogueando me han llegado, casi siempre por personas interpuestas, continuas preguntas sobre mis motivaciones, pero siempre con la ideología como trasfondo:

– ¿Esto lo haces para entrar en el PP/PSOE?

– ¿Eres un poco facha/rojeras?

– Esos son los argumentos del PP/PSOE/PRC

Y es que todo lo que no sea bailarle el agua a uno de los dos (o tres si contamos a los regionalistas) partidos en liza, te sitúa en el otro extremo. A ello, como decía, contribuyen muchos compañeros de profesión, que con buen criterio, prefieren tener saneada su economía a dignificar una profesión que nunca te va a agredecer esfuerzo alguno en ese sentido.

En definitiva, hay mucho por hacer.


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