Lo llaman política

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A partir de esta semana nos podremos sentir como una región eminentemente turística, bandera del sector servicios, ya que es por estas fechas cuando hará su llegada la marea de visitantes que nos acompañará hasta finales de agosto. Es precisamente ahora cuando seremos menos infinitos y estaremos más saturados, prepárense que… ¡¡¡ya están aquíííí!!!.

Es en esta época cuando somos conscientes de que nuestras carreteras no admiten tanto tráfico, nuestros hospitales cruzan los dedos para que no haya más percances que los necesarios, y las atracciones turísticas habituales, saturadas para variar.

Un año más nos volveremos a preguntar por la desestacionalización, por poder repartir a lo largo del año la avalancha turística estival, y un año más, al menos durante este mes y medio, ni seremos la otrora gran reserva ni tampoco infinitos, porque somos más bien los de siempre, desacelerando o en crisis, que de todo hay.

¿Qué sentido tiene visitar el teleférico de Fuente Dé si tienes que esperar tres horas tu turno? ¿Dónde está el encanto de Santillana del Mar cuando tienes que abrirte paso a empujones y taparte los oídos por el ruido infernal y nada medieval de la excursión organizada de turno?

Cabárceno sigue siendo un referente nacional, pero verlo entre claxons y atascos, por no hablar de los comportamientos incívicos de quienes insisten en alimentar a los animales por su cuenta, no es lo mismo.

De todas formas no sé si hay un modelo turístico para la región, en donde se haya abandonado definitivamente la excelencia y se apueste de forma decidida por la masificación. Es decir, ¿queremos seguir estando solitos durante el año y excesivamente acompañados durante mes y medio? ¿Cuál es la región que queremos enseñar? ¿Hacia dónde vamos? ¿No deberíamos vender que para degustar adecudamente Cantabria es mejor venir en cualquier otro momento del año?

Lógicamente no vamos a poner un cupo de visitantes ahora, sobre todo en este año de crisis en aceleración, ya que la masificación no solo nos afecta por estos lares, espero. Aunque aquí la avalancha de visitantes sea de peor digestión, dicho sea de paso.

Por cierto, cuando digo que espero que la masificación sea general, es porque me ha llamado poderosamente la atención la poca gente, para la época en la que estamos, que he visto durante una reciente gira por el Levante español.

Aparte de achicharrarnos a conciencia con el inhumano calor de Murcia, encontramos sitio en las playas de alicantinas, así como en La Manga, sin esfuerzo alguno. No hicimos apenas colas en Terra Mítica, y paseamos sin agobio alguno por la sorprendente Cartagena y la comercial Elche.

Había gente por la calle, se veían guiris, pero no parecía temporada alta ni mucho menos. Si hasta encontramos sin dificultad una buena mesa para comernos un ajustado (calidad-precio) menú del día en la zona más típica de la capital alicantina, en primera línea de su infinito paseo marítimo.

La gente no está para dispendios, debe ser eso, o igual es que están ahorrando para venir a visitarnos justo ahora… ¡oh cielos!.

Si me apuran puede ser hasta peor. Igual es que va a bajar el número de visitantes, y ni siquiera en agosto harán el agosto quienes tienen esta época subrayada en rojo en sus calendarios.

Oscar San Emeterio.

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El otro día, leyendo un suplemento económico, salían las cien empresas en las que más a gusto se trabajaba. Entre las setenta y cuatro primeras no figuraba ningún medio de comunicación.

Es decir, hay muchos lugares mejores que un medio de comunicación para trabajar. Sin embargo, hay gente que no ha pisado la facultad de Ciencias de la Información, que jamás pasó por una redacción, y que por ende, “no ha hecho la calle”, que le ve “a esto del periodismo”, un gusanillo especial.

La verdad es que ese duende lo tiene esta profesión, aunque sin perder de vista el compromiso ético con los lectores, oyentes o telespectadores, cosas que se enseñan en la facultad y que se aprenden, ejerciendo.

Unos, los licenciados, formados y ejercientes, y los otros, los del gusanillo, comparten ecosistema, el de la información y del de la opinión, en donde el tercer elemento, el receptor de todos esos mensajes, no tiene porque saber si lo que tiene delante es un periodista o “un periodista”, entrecomillas.

Y ahí es donde empezamos a tener un problema. ¿En manos de quién está la información? ¿Quién la procesa? Y sobre todo, ¿Cómo se procesa esa información? ¿Bajo qué criterios? ¿Qué se pone? ¿Qué se quita? ¿Qué se añade?

A un periodista se le puede exigir responsabilidad, criterio, compromiso ético. A “un periodista”, entrecomillas, no, aunque el destinatario final no pueda distinguir, de entrada, entre uno y otro. Aunque yo soy de los que creo que la audiencia cada vez está más formada e informada, por lo que cada vez puede ser más exigente, y saber separar el grano de la paja, no podemos ser ajenos a este “phising” de la información, que llegar, llega a todos por igual.

A un panorama poco regulado, en el que hasta ahora, prácticamente todo vale, se une la aparición del fenómeno de los blogs.

Con muy pocos medios técnicos, y unos mínimos conocimientos tecnológicos, cualquiera puede tener un blog. Un blog, concebido como algo personal, para hablar de tus cosas, de tus preocupaciones, pero también para informar y opinar.

Lo de la opinión, creo que no ofrece dudas a nadie, y si es así, háganselo mirar. Opinar puede opinar cualquiera de lo que quiera, y además con el atractivo que ahora ofrece la visibilidad global que proporcionan estos cuadernos de bitácora.

¿Informar? Pues aquí tenemos otro debate nuevo para nuestra maltratada e incomprendida profesión. Aunque aún tardará en generalizarse el fenómeno, ya existen experiencias en internet de blogs, de aquí, del vecino de al lado, que con una cámara digital y una lista de correo, están asentándose como “diarios digitales”, “portales de información”, llámenlo como quieran, con la complicidad de las instituciones, que tampoco saben muy bien como gestionar esta novedosa situación

El fenómeno, como les digo, es incipiente en España, y ni les cuento en Cantabria, pero en Estados Unidos, está generando debate.

En la NBA, los bloggers especialistas en baloncesto quieren acceder a los vestuarios de los jugadores como el resto de medios. Hace unos meses leí el caso de los Dallas Mavericks, y en internet, el debate está abierto, periodismo tradicional o periodismo ciudadano.

Yo digo PE-RIO-DIS-MO, sin conservantes ni colorantes, y sin apellidos, que no le hace falta.

Oscar San Emeterio

POR RAZONES AJENAS AL AUTOR LA COLUMNA DE LOS MARTES HA SALIDO EN MIÉRCOLES. APROVECHO PARA DECIROS QUE ESTOY DE VIAJE, ASÍ QUE LA ACTUALIZACIÓN DEL BLOG, AL MENOS EN LO QUE A MÍ SE REFIERE, IRÁ UN PELÍN “RELAJADITA”.

Se diga lo que se diga, se incumpla lo que se incumpla, se haga lo que se haga, al final, nunca pasa nada.

No es cuestión de que Javier Del Olmo vuelva a perder en los tribunales, o que esa misma justicia se lleve por delante al alcalde tránsfuga de Castro Urdiales. Ellos dos, son lo que son, y además dan ejemplos de sí mismos cada vez que abren la boca para volver a ahondar más en sus errores.

La cuestión es que no tengo tan claro que estas cuestiones acaben pasando factura a quienes las fomentan, ya sea el corporativismo del Gobierno Regional o el cortoplacismo del presidente del PP cántabro. Resumiendo, toda nuestra clase política, con los tres principales partidos a la cabeza.

El consejero de Industria y el alcalde tránsfuga no son los únicos casos en los que parece que no pasa nada. La digestión del último debate sobre la orientación política del gobierno ha sido otro ejemplo. Lo de orientación política, por cierto, me parece que define perfectamente lo que desde luego no es, un debate sobre el estado de la región.

Es de orientación política porque todo está orientado a mirar las cosas con un determinado cristal, que deforma la realidad, el verdadero estado de la región, que es lo que menos importa.

Ha sido este quizás uno de los menos presentables de los últimos años, dejando a las claras la crisis tan profunda que atraviesa el parlamentarismo en Cantabria (¿cuándo no lo estuvo?). Se llega a consensos en materias de segunda, o en cuestiones donde no queda más remedio, el resto va desde ocurrencias como “lo de La Remonta”, a las emboscadas parlamentarias de la oposición, que ha hecho acopio de iniciativas rechazadas en el pasado para engordar su interminable lista de propuestas.

Por lo demás, el debate constata que Revilla sigue sin tener claro como contribuir a frenar el cambio climático. Sí, como se lo cuento. El Presidente ahorra cada vez más energías, funciona a medio gas, con una mano en el bolsillo, sin despeinarse. Sin embargo, tala medio Amazonas con interminables discursos (ya van dos años) en los que el objetivo es pasar de las dos horas y media… como sea.

Enfrente un impotente y descolocado líder de la oposición, que aunque le pone mucha pasión, y le dedica muchas horas, sabe de antemano que está frente a un muro, contra el que “sus cócteles Molotov”, quedan en fuego de artificio efímero, breve, inútil.

Con esos mimbres es difícil sacar algo más de un debate en el que los grupos que apoyan al gobierno merecen no más que esta frase para que resumamos sus aportaciones.

Estos 39 señores son los que atravesarán con nosotros esta crisis, (sí señor Berriolope, crisis), o como la alta velocidad de altas prestaciones, en versión dual solo para Cantabria porque somos los más guapos… llegará más tarde, bastante más, que el fin de la crisis (que sí, escuche a Rafael de la Sierra).

Aquí al menos, y podemos darnos con un canto en los dientes ya que no tenemos debates estériles y artificiales sobre nuestra identidad, ni tenemos que hacer inmersiones lingüísticas con el idioma del terruño de turno (¿por qué no apostamos por el inglés en la misma medida que otros lo hacen con las lenguas autonómicas?), ni tan siquiera tiramos el dinero del contribuyente en aprobar “consultas populares” irrealizables.

Vamos, que podía ser peor.


Oscar San Emeterio

Bueno, pues ya está, al final Rajoy ha salvado su congreso. Y cuando digo su congreso es porque estos cónclaves no me acaban de convencer, y siempre transmiten una imagen de consenso total, todos juntos apoyemos al líder y tal y tal.

El congreso del PP, del que habrán leído ya más profundos y sesudos análisis, deja en el camino la deriva de Aznar y el post-aznarismo, y ha perdido la oportunidad de ver un verdadero debate de las ideas ante la falta de una oposición clara, de carne y hueso, al marianismo. Nuevo giro al centro, que de tanto girar le hacen a uno perder el norte y hasta el equilibrio. Más que un partido parece una peonza.

Luego están los que disienten. Ha habido mucho voto en blanco (para lo que suele ser habitual), el porcentaje final por el que Rajoy ha sido elegido no ha sido nada “búlgaro”, sino más bien de mar de fondo, sin llegar a la fractura del partido. Hasta en el pequeño disenso ha parecido calculado este Congreso.

Viendo la nómina de los disidentes, versos sueltos, y revoltosos tampoco sabe uno donde situar la oposición interna a Rajoy, ya que más bien parece que la cuestión era meter ruido, y poner a alguien, a quien fuera, frente al perdedor de las elecciones generales.

Quedan por el camino Acebes, Zaplana, Costa, Elorriaga, Rato, San Gil, y hasta Aznar que con melena al viento está de lo más revolucionario, aunque en el último momento, en vez de debatir un poco más allá de su intervención, ha preferido la disciplina, eso sí, con un portazo en las narices de Rajoy. Este hombre no cambia.

A los citados junto al ex – presidente es posible que les una su desconfianza hacia Rajoy, y su nuevo equipo, pero, esta gente, en especial los que han hablado, por escrito o de palabra, ¿Conforman una corriente homogénea? ¿Representan sólo al pasado? ¿Son tan diferentes a Javier Arenas o Ana Mato… que regresan a la cúpula del poder de los populares?

Y no hay que olvidar a Esperanza Aguirre, que, estando o no de acuerdo con sus ideas ultra-liberales, ha sido la única voz en el partido que ha planteado la necesidad de hacerse muchas preguntas tras el 9M. Aguirre planteaba entre otras cosas la conveniencia de mantener a un líder que, al menos hasta ahora, no ilusiona.

Preguntas que no estoy seguro de que este congreso haya terminado de contestar, y que la hacen sentirse como “un verso suelto”.

Después de lo de Valencia yo apostaba por un partido de vuelta, dependiendo mucho de lo que ocurriera en las citas electorales que hay de aquí a 2011. Pero es que ahora resulta que el presidente del PP también será automáticamente candidato a la presidencia del gobierno. Que curioso, igual que en el PRC, donde el secretario general es automáticamente candidato a la Presidencia de Cantabria.

Con ello se evitan las bicefalias, congresos sorpresa, mirlos blancos, o caballos de Troya. Esto también está muy calculado.

A ver quien es el guapo, o la guapa, que con unos meses antes de las elecciones de 2012 se postula como alternativa.

Y en breve el congreso del PSOE. Ese sí que será calculado al cien por cien, y no les culpo. Salir de la autocomplacencia cuando se gana es tarea complicada, y en julio, con tanto calorcito, con las vacaciones a la vuelta de la esquina ¿se atreve alguien a moverse de la foto?

Oscar San Emeterio Tapia

LETRAS DEL INFIERNO, por Fernando Collado ( publicado en El Mundo Hoy en Cantabria el 23 de junio de 2008 )

“La audiencia demanda cada vez más la ficha de las informaciones, como si fueran los ingredientes de un batido a punto de caducar”
Algunos políticos cántabros deben pensar que el periodismo es el infierno, ese lugar en el que plumas de fuego incineran a algunos personajes sin más, donde la información se mezcla con la opinión y el articulismo es tan alegre que se puede practicar con medio dedo de frente. La inflación de soportes es tanta y tan pintoresca que pasan por generadores de opinión personajes que lo tendrían complicado para decir algo ecuánime en una asamblea de vecinos. ¿La culpa?, de los editores. Ya no se puede invitar a cualquiera a cenar a casa porque acaba por romper la vajilla. El esperpento llega a cuestionarlo todo, incluso la mayoría democrática por la que fue elegido Revilla al frente del Gobierno, en una carrera de intrépidos que se disputan el título de campeón del mundo en contarla más gorda.

El monte del periodismo se ha convertido en orégano fácil, faltar a la verdad no tiene a veces castigo -no digamos la demagogia-, ya nadie pide un carné para identificar a un informador y da la sensación de que la proliferación de plumas y plumazos en lugar de beneficiar a la libertad de Prensa, o a la del ciudadano, ha acabado por intoxicarlo todo.

Desconozco por qué hay que tener una licencia en regla hasta para llevar a un perro por la vía pública y, sin embargo, nadie exige nada a personas individuales o empresas que pueden ejercer como periodistas sin serlo. Sacar a la luz un gratuito o un periódico en internet es más fácil que montar una tienda de chuches, luego algo falla.

La licenciatura o el carné no hacen al periodista, eso es cierto, pero el ’hacinamiento’ es ya tan evidente que los legisladores habrán de plantearse algún día qué requisitos son necesarios para lanzar una empresa informativa: carné, experiencia probada, prestigio, responsabilidad…

Se puede manejar un coche sin permiso de conducir, pero ello no significa que sea legal. Lo cierto es que la audiencia demanda cada vez más la ficha técnica de las informaciones, como si fueran los ingredientes de un batido a punto de caducar, y hace bien por salud democrática.

Si ustedes me preguntan si Cantabria -y España- necesita medios informativos fuertes, con una economía solvente, una línea editorial clara y periodistas que cuenten noticias, además de articulistas y editorialistas que las comenten, les diré que sí.

Porque no es ni más ni menos que el espíritu de la democracia, esto es, la libertad de expresión sobre la base del respeto y el pluralismo en su abanico más amplio. Ello, sin embargo, nada tiene que ver con el pseudoprofesionalismo -por definirlo suavemente-, el cajón de sastre donde lo mismo se borda que se desborda, los textos con sabor a tocino rancio o la demagogia como ‘lead’ de cualquier (des)información.

De ‘droite a gauche’ -o al revés, tanto monta- el panorama está ciertamente nublado. Que los políticos tomen partido es lo que se espera de ellos, que lo hagan los periodistas sobre bases ciertas es también deseable -la opinión bien fundamentada es en ocasiones tanto o más apreciada que una buena información-, pero pasar de ahí lleva al estrépito.

Como dijo Abraham Lincoln, puedes engañar a todo el mundo algún tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no podrás engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Si hace unos días era Revilla, hoy ha sido Lola Gorostiaga la que se ha pasado por los estudios de ONDA CERO SANTANDER para ser acribillada a preguntas comprometidas por varios periodistas (Onda Cero, Europa Press, TVE, y El Mundo Hoy en Cantabria).

Tras los cincuenta minutos de preguntas y respuestas, vale aquello de que las cosas se ven de una determinada manera dependiendo del cristal con el que se las mire. Los periodistas que se sentaron en la mesa pueden estar satisfechos de su trabajo, hicieron las preguntas que tenían que hacer. No se hicieron prisioneros ni concesiones a la galería, mucho congreso, mucha Blanca Rosa, mucho balance desde la catástrofe electoral de las autonómicas, y por supuesto, mucho Del Olmo.

Pero claro, una cosa es preguntar lo que tienes que preguntar y otra muy distinta que el invitado reparta titulares, como hizo Revilla. Lola se ha instalado en la teoría del frontón, aquella que dice que hay temas que digas lo que digas van a seguir dando titulares y motivo de duda a periodistas quisquillosos. En este caso el frontón no fueron los periodistas, sino la propia Lola, que no ha dado ni una sola concesión a quien buscara algo nuevo u original en su discurso.

Que si la critican por esto, pues otros no lo hacen. Que si piden la dimisión de Del Olmo, pues otros no la piden. Que si vaya vaya con los jefes de Madrid que la apoyan mucho, pues oye, es normal que lo hagan. Confesó que pensó en dimitir tras las autonómicas… aunque mucha gente la dijo, “cuidadín que estas muy comprometida con muchos proyectos progresistas”, y con muchos progresistas añadiría yo.

Vamos, que daba igual la pregunta que le hicieran, ella se iba por peteneras, para posiblemente provocar que mañana algún periódico maldicente titule que Lola no ha querido entrar en este o aquel tema. En fin, que los oyentes, mis pobres, pocas conclusiones nuevas habrán sacado.

Malo cuando un político sale contento de una entrevista, sobre todo si las preguntas van a la yugular de cuestiones que están en el centro del debate político. Y Lola sabe que hoy ha salido viva, cual trucha que por mucho que aprietes se te resbala entre las manos y vuelve al río.

Que digo trucha, un frontón la hostia.

P.D.: No sé si el mérito de lo de hoy es o no de su jefe de gabinete, pero lo que sí está claro es que ya se le echa de menos en la Delegación de Gobierno, donde su sucesor hace cosas muy raras.

Estamos cada vez peor, o al menos, igual de mal que siempre. Si hace una semana me estrenaba en esta lid hablando de dos sujetos que no deberían seguir en política, el tiempo sigue dando razones para mantener esa postura, incluso de forma más enérgica. Y ya que estamos, volverles a dedicar unos minutos de mi tiempo y el suyo.

Javier Del Olmo está más cerca que nunca del banquillo, y Fernando Muguruza, que no anda lejos tampoco, ha vuelto a deleitar nuestros oídos con sus sesudas reflexiones sobre la vida parlamentaria, que él vivió la pasada legislatura, cobrando, como los demás.

Y es que mirando a lo sucedido en los últimos días, los hechos solo dejan lugar al pesimismo cuando no a la perplejidad.

En el caso de Muguruza, aunque es predecible lo que ocurrirá en sede parlamentaria con su reprobación (PRC y PSOE dirán que sí, y el PP rebuscará sinrazones para el no), todavía hay tiempo para retirarle de la alcaldía y tener la decencia de reprobar todo lo reprobable, que no es poco.

Me temo de todas formas que la sesión plenaria del día 16 será una sucesión de “y tú más”, “pues anda que tú”, y el PP se cubrirá de gloria.

Claro que para cubierto de gloria, Pepiño, y su apoyo sin fisuras a Javier Del Olmo… horas antes de que el juez vuelva a ponerle mirando a Las Salesas. Tirando de simil taurino, en tiempos de José Tomás es obligado, hasta el rabo todo es toro, y el abogado del consejero quemará todas las naves posibles.

Dicen que para ganar tiempo, yo digo que para hacer perdérnoslo a los demás. Están en su derecho, y los demás podemos dedicarnos a otra cosa.

Procesos judiciales aparte, en el PSOE cántabro se sigue separando el grano de la paja, aunque sea a través de una idem mental.

Y es que escuchando a Pepiño y al diputado por Cádiz, Alfredo Pérez Rubalcaba, cambio ¿para qué? Aquí no ha pasado nada.

“Si tuviéramos que medir el éxito por los resultados electorales, el resultado de la Ejecutiva saliente será sobresaliente o matrícula de honor”. Habla de la federal, porque de la de aquí no se puede hablar en esos términos.

Hay que retorcer más los argumentos, y en todo caso, aplicar también la doctrina Pepiño, los resultados de las generales y las autonómicas se pueden mezclar y son intercambiables, aunque no estaría de más que retuviéramos el voto de las primeras en las segundas.

José Blanco pasó como un ciclón por Cantabria, y tras escuchar sus palabras parecía que por un momento se había equilibrado un partido, en el que por cierto, él debería mantenerse al margen, lo que pasa es que el aparato es el aparato, y el aparato está para ser usado.

Pues nada, al día siguiente, Blanca Rosa Gómez Morante hace lo único que podía hacer, salir también como un ciclón, atrincherarse en la democracia interna, despotricar contra la injerencia federal en lo regional, para de paso pedirle a Pepiño que respete los congresos regionales al menos tanto como las primarias demócratas norteamericanas.

A las palabras de Blanca Rosa se une el varapalo judicial a Del Olmo, y el huracán Blanco se queda borrasca, que aunque no deje grandes daños materiales, sí al menos nos permite guardar en el baúl de los recuerdos aquella semana en el que Pepiño y Alfredo pintaron en Bonifaz el mundo de color de Rosa, perdón, de Lola.

Oscar San Emeterio


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