Lo llaman política

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Creo que el tema no es para hacer una tesis, pero tampoco para dejarlo pasar desapercibido, ya que a lo tonto a lo tonto Iñigo & company quieren colarnos un buen ejemplo de publicidad subliminal chusca, cutresalchichera y tontorrona.

Esta imagen no es mía. No es uno de mis fotomontajes. Esta imagen existe, es de hoy… y está a la vista de todos aquellos que desde mañana visiten en el Mercado del Este TRANSICIONES, una serie pictórica de treinta retratos de estrellas de la historia del cine, obra de José Ramón Sánchez.

Está Marlon Brando, Al Pacino, Marlene Dietrich (la favorita del alcalde), Charles Chaplin… y Marilyn (Monroe, no Manson), que aparece dentro de la sala, en su espacio propio, pero también a la entrada, compartiendo cartel con él, con el Chiquillo, también llamado Flautista, pero que en el fondo, o quizás no tanto, alberga ser una suerte de John Fitzgerald Kennedy de Santander… de los de toda la vida.

Para el fotomontaje, José Ramón ha utilizado una foto que no le hacía demasiado gracia de Marilyn, junto con el cartel electoral de Iñigo (este dato lo aporto yo).

A mí, aparte de inconveniente y cutre, me parece que no tiene ninguna gracia, y que esconde más bien la intención de llegar al vulgo más vulgo mezclando churras con merinas, actrices de Hollywood con alcaldes, estrellas de cine con promesas (por cumplir) de la política.

Si ha sido de forma involuntaria, como han tratado de hacer ver, cargando José Ramón Sánchez con la paternidad de la ocurrencia, mal, si por el contrario ha sido una sugerencia… peor.

Lo mejor es que vayáis a la exposición y opinéis por vosotros mismos, pero lo del cartelito de marras creo que no tiene discusión. No hacía falta.

Aunque la realidad te golpea una y otra vez, sacándote de ensoñaciones utópicas sobre lo bonito que sería que todos fueramos hermanos, en paz y armonía, siempre hay un político cerca que te rescata y te devuelve a las miserias cotidianas.

Hoy he tenido la vana tentación de hacer entender al alcalde de Santander que le echan mucho morro con el tema de las licencias de Valdecilla, que si está mal lo de los gestores del Servicio Cántabro de Salud, no está mucho mejor que quien tiene que hacer cumplir las ordenanzas pase de todo, o lo que es peor, haga la vista gorda.

En las Administraciones Públicas, esto de ir con calma chicha para hacer sus trámites y machacar al contribuyente cuando se retrasa un día en el pago de este o aquel impuesto, es moneda de uso común.

En el caso de Valdecilla Sur se conjugan la inoperancia habitual de una administración regional que no sólo no se sabe cuando acabará el Hospital, sino que que a veces nos recuerda de manera demasiado evidente que es un gigante con los pies de barro. En la otra parte un ayuntamiento que no se entera, o que no se quiere enterar de que un edificio publicitado hasta la saciedad, que estábamos todos esperando a que abriera las puertas para olvidar a su vetusto antecesor, no ha hecho los trámites básicos para su apertura.

Dice De la Serna que no hay un técnico municipal que haya pasado aún a verificar que lo hecho en Valdecilla Sur se ajusta a los proyectos sobre los que en su día se concedieron las pertinentes licencias de obra y demás.

¿Acaso no lee la prensa el alcalde? ¿No ve la televisión local (esto me lo puedo creer)? ¿No escucha la radio? ¿No sabe que desde el 21 de enero le ha crecido un edificio junto a la zona donde quiere encajar un aparcamiento de más de 500 plazas (el del Distribuidor)?

¿Es culpa toda esta situación del Ayuntamiento? Sí y no. En la parte de pedir las licencias, obviamente no. En la de no actuar como garante de las ordenanzas municipales, evidentemente sí.

¿Puede alguien sacar pecho o ponerse farruco con este tema? Sí, aquellos contribuyentes que son multados cuando no piden una licencia de obra adecuada para hacer una reforma en casa, o a los que se les retira el coche por aparcar mal… e incluso aquellos, que en zona de OLA, no solicitan al cajero, previo pago de no más de 1,40 €, el correspondiente ticket a colocar sobre el salpicadero.

¿A que para esto no hace falta una filtración interesada a la prensa?

P.D.: Ya les vale a los del Centro de Especialidades de Vargas.

Después de ocho años trabajando hoy he recibido mi primera acreditación para poder acceder a una institución, concretamente para la Autoridad Portuaria. El trámite ha debido de llevar como medio año, pero finalmente hoy, tras firmar no sé cuantos papeles más, pasar dos controles y la mirada escrutadora de un funcionario portuario, ya tengo mi acreditación. Además me sirve para pasarla por un detector infrarrojos que me permite acceder a la zona noble. En fin, como tampoco voy nunca, no creo que la use demasiado.

Aparte de las que cada año nos hace la UIMP, que debe quemar nuestros datos al final del verano, ya que al año siguiente nos los vuelven a pedir, en el resto de instituciones de cierto renombre no existe el término acreditación.

En el Parlamento, donde presumo que los guardias de seguridad me conocen de vista, intenté, al llegar a la radio en el 2000 hacerme con una acreditación. Todavía estoy esperando la respuesta. Tras una primera época en la que tenía que enseñar hasta el libro de familia, hoy en día todo se reduce a un cruce de miradas, y si no oyes ninguna voz o silbido amenazante de algún guarda despistado (con mala memoria visual) pasas sin más.

El Gobierno Regional, a pesar de estar en un edificio moderno, sobre todo en comparación con el antiguo de Casimiro Sainz, funciona parecido al Parlamento, aunque con matices. A veces te dejan entrar por la puerta que se utiliza para salir, y así evitarte el detector de metales, pero la mayoría de los casos hay que pasar por donde todo el mundo. La ventaja es que como la sala de prensa está justo detrás de los guardias de seguridad, con señalar en su dirección y mascullar algo parecido a “venía a la….” y ellos rapidamente te dejan pasar, sin registrate ni nada.

Yo tuve en su día un problema con uno que se debía pensar que era el sheriff de Peña Herbosa, pero lo cierto es que desde que utilizo el recurso del dedo y las palabras entre dientes sobre mi destino, no he vuelto a tener problemas.

En el Ayuntamiento de Santander la cosa ha ido por fases. Primero no había control alguno. Después pusieron control y todos teníamos que enseñar el DNI. Luego empezamos a utilizar la puerta de personal, que es la de salida habitual, y como a los polis locales que custodian la entrada les sonamos hacíamos un gesto con la cabeza, o buscabamos una mirada cómplice, y adelante. La última vez que he ido me han hecho enseñar el DNI otra vez. No quiero pensar mal, creo que los policías eran distintos a los que están habitualmente.

En definitiva, que aunque varían ligeramente, las fórmulas para acceder son básicamente las mismas en todos los sitios. Por eso me ha llamado tanto la atención lo de la Autoridad Portuaria. Tanta profesionalidad para una visita al mes como mucho, mientras que en otros sitios basta con ejercitar el cuello.


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