Lo llaman política

Tiempo atrás me avergonzaba en mis viajes fuera de España, pues veía la imagen distorsionada que se tiene en determinados países de nuestra España y nuestra Cultura. Siesta, paella y jamón, poco más. A lo mejor algún despistado te hablaba del aceite de oliva. Una imagen arcáica, de una España arcáica que no había sabido mostrar al mundo que la época de la dictadura y la transición habían pasado, y que aspirábamos, y éramos, un país moderno como cualquier otro.

Parece ser que ha tenido que ser el fútbol el que despierte, a la vez, un sentimiento nacional interior, y un reconocimiento exterior.

Sin complejos ha salido la gente a la calle, y la rojigualda se ha convertido en símbolo de una ilusión, más que en imagen de la división. Y me alegro, soy y seré siempre tricolor, pero si esa bandera y esos colores representan la unidad vivida en España estos últimos días, bienvenidos sean.

Pero es que no solo eso, emociona y gratifica leer, nada más y nada menos que al The Independent, titulando: The Reign of Spain: European champion (of nearly everything). Un artículo en inglés (la traducción de Google es un poco mala), donde se reconocen la grandeza de España, y sus avances en los últimos años. Desde la cohesión social conseguida por la Selección Española de Fútbol, al referente que es la cocina española a nivel mundial, pasando por la cultura, la moda, el cine, la arquitectura, la monarquía (¿?), o el progresismo político (desde fuera debe parecerlo) del Gobierno de Rodríguez Zapatero.

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POR RAZONES AJENAS AL AUTOR LA COLUMNA DE LOS MARTES HA SALIDO EN MIÉRCOLES. APROVECHO PARA DECIROS QUE ESTOY DE VIAJE, ASÍ QUE LA ACTUALIZACIÓN DEL BLOG, AL MENOS EN LO QUE A MÍ SE REFIERE, IRÁ UN PELÍN “RELAJADITA”.

Se diga lo que se diga, se incumpla lo que se incumpla, se haga lo que se haga, al final, nunca pasa nada.

No es cuestión de que Javier Del Olmo vuelva a perder en los tribunales, o que esa misma justicia se lleve por delante al alcalde tránsfuga de Castro Urdiales. Ellos dos, son lo que son, y además dan ejemplos de sí mismos cada vez que abren la boca para volver a ahondar más en sus errores.

La cuestión es que no tengo tan claro que estas cuestiones acaben pasando factura a quienes las fomentan, ya sea el corporativismo del Gobierno Regional o el cortoplacismo del presidente del PP cántabro. Resumiendo, toda nuestra clase política, con los tres principales partidos a la cabeza.

El consejero de Industria y el alcalde tránsfuga no son los únicos casos en los que parece que no pasa nada. La digestión del último debate sobre la orientación política del gobierno ha sido otro ejemplo. Lo de orientación política, por cierto, me parece que define perfectamente lo que desde luego no es, un debate sobre el estado de la región.

Es de orientación política porque todo está orientado a mirar las cosas con un determinado cristal, que deforma la realidad, el verdadero estado de la región, que es lo que menos importa.

Ha sido este quizás uno de los menos presentables de los últimos años, dejando a las claras la crisis tan profunda que atraviesa el parlamentarismo en Cantabria (¿cuándo no lo estuvo?). Se llega a consensos en materias de segunda, o en cuestiones donde no queda más remedio, el resto va desde ocurrencias como “lo de La Remonta”, a las emboscadas parlamentarias de la oposición, que ha hecho acopio de iniciativas rechazadas en el pasado para engordar su interminable lista de propuestas.

Por lo demás, el debate constata que Revilla sigue sin tener claro como contribuir a frenar el cambio climático. Sí, como se lo cuento. El Presidente ahorra cada vez más energías, funciona a medio gas, con una mano en el bolsillo, sin despeinarse. Sin embargo, tala medio Amazonas con interminables discursos (ya van dos años) en los que el objetivo es pasar de las dos horas y media… como sea.

Enfrente un impotente y descolocado líder de la oposición, que aunque le pone mucha pasión, y le dedica muchas horas, sabe de antemano que está frente a un muro, contra el que “sus cócteles Molotov”, quedan en fuego de artificio efímero, breve, inútil.

Con esos mimbres es difícil sacar algo más de un debate en el que los grupos que apoyan al gobierno merecen no más que esta frase para que resumamos sus aportaciones.

Estos 39 señores son los que atravesarán con nosotros esta crisis, (sí señor Berriolope, crisis), o como la alta velocidad de altas prestaciones, en versión dual solo para Cantabria porque somos los más guapos… llegará más tarde, bastante más, que el fin de la crisis (que sí, escuche a Rafael de la Sierra).

Aquí al menos, y podemos darnos con un canto en los dientes ya que no tenemos debates estériles y artificiales sobre nuestra identidad, ni tenemos que hacer inmersiones lingüísticas con el idioma del terruño de turno (¿por qué no apostamos por el inglés en la misma medida que otros lo hacen con las lenguas autonómicas?), ni tan siquiera tiramos el dinero del contribuyente en aprobar “consultas populares” irrealizables.

Vamos, que podía ser peor.


Oscar San Emeterio

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Ni publicidad ni hostias, a disfrutar de las celebraciones que tanto nos debía la historia. Y el domingo, Alemania.

P.D.: Que grande es Camacho.

El vídeo de una tanda de penalties magníficamente bien narrada en la cadena SER.

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