Lo llaman política

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No voy a decir aquello de que “esta es la carta que nunca quise escribir” porque tampoco creo que haya que dramatizar, pero sí es cierto que me siento ante la pantalla con un gusanillo en el estómago, preludio de un momento de esos que marcan tu vida, y en el que un precipicio de incógnitas asoma bajo tus pies.

Tengo que dejaros porque os tengo el suficiente respeto como para no pretender venderos una moto que no podría colar, entre otras cosas porque a mí se me da fatal eso de ir en contra de mis convicciones.

Tras ocho años en Onda Cero y más de tres en la blogosfera, así como mis dos mesecitos de columnista en El Mundo, tengo que decir a todo hasta pronto, no tardaré en volver… punto y aparte.

No me voy muy lejos físicamente, que va, todo lo contrario, estaré en la trinchera de enfrente, poniendo buena cara y mejores argumentos a mis nuevos jefes, que tienen ante sí la nada fácil tarea de recuperar el poder político regional, asín, para empezar.

Sí, me voy al PP, que quiere poner en marcha un ambicioso proyecto de comunicación para el que cuentan conmigo.

Me voy con ellos porque han sido los únicos que han llamado a la puerta con una propuesta seria y concreta, y también porque necesito cambiar de aires, oxigenar mi periodismo militante, y aprender, mucho, sobre lo que se cuece al otro lado, algo de lo que he opinado mucho pero de lo que no he ejercido nunca.

Atrás quedan ocho años en la radio donde siempre quise trabajar, porque queda de frente por el medio y no en las trincheras de unos y los otros, el día y la noche, el ruido.

Me cuesta dejar mi todavía empresa aunque solo sea por el agradecimiento que le debo por haberme recibido como chaval y abrirme las puertas como hombre, profesional, con criterio.

Tengo motivos para irme… y para quedarme.

Atrás dejo unos compañeros con los que he vivido de todo, que siempre me han respetado como profesional y que me han dado mucho cariño en lo personal. A ellos les voy a seguir teniendo cerca y sé que los echaré de menos. Gracias a todos.

En cuanto a mi querida blogosfera, ¿qué os voy a decir? Sé que los buenos amigos estarán muy jodidos porque me leyeran mucho o poco, se identificaran más o menos, sé positivamente que valoraban mi aportación a este mundo virtual, donde si no salen nuevas voces, plurales también, para hablar de más cosas, más veces, con más gente, se corre el peligro de caer en el ombliguismo. Hacen falta más bloggers por estos lares.

Para quienes no entiendan esta decisión, o la consideren una pequeña traición, e incluso para aquellos que les parezca lógico (ya que en el fondo este era un facha de toda la vida), cada uno es libre de pensar lo que quiera. No hace falta hacer siquiera sesudos ejercicios de memoria para conocer lo que pienso de nuestra clase política. El archivo queda ahí para su consulta.

Ahora bien, entiendo que ni es lógico morder la mano que te da de comer, ni tampoco la de los demás, por aquello de la credibilidad. Que se mojen otros, que yo ya me calé hasta las patas.

Espero viajar un poco más y hacer un poco más grande mi colección de bitácoras. En cuanto a la gestión de Lo llaman política, queda su nómina de colaboradores que espero lo mantengan a flote. Aprovecho estas líneas para pediros, colaboradores míos, que me hagáis llegar vuestras reflexiones al correo para tomar una decisión definitiva.

No quiero entretener más al personal. Os seguiré leyendo, quizás os deje algún que otro anónimo, pero tengo que despedirme, dejar sitio para otros, apartarme… observar.

Gracias.

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El otro día, leyendo un suplemento económico, salían las cien empresas en las que más a gusto se trabajaba. Entre las setenta y cuatro primeras no figuraba ningún medio de comunicación.

Es decir, hay muchos lugares mejores que un medio de comunicación para trabajar. Sin embargo, hay gente que no ha pisado la facultad de Ciencias de la Información, que jamás pasó por una redacción, y que por ende, “no ha hecho la calle”, que le ve “a esto del periodismo”, un gusanillo especial.

La verdad es que ese duende lo tiene esta profesión, aunque sin perder de vista el compromiso ético con los lectores, oyentes o telespectadores, cosas que se enseñan en la facultad y que se aprenden, ejerciendo.

Unos, los licenciados, formados y ejercientes, y los otros, los del gusanillo, comparten ecosistema, el de la información y del de la opinión, en donde el tercer elemento, el receptor de todos esos mensajes, no tiene porque saber si lo que tiene delante es un periodista o “un periodista”, entrecomillas.

Y ahí es donde empezamos a tener un problema. ¿En manos de quién está la información? ¿Quién la procesa? Y sobre todo, ¿Cómo se procesa esa información? ¿Bajo qué criterios? ¿Qué se pone? ¿Qué se quita? ¿Qué se añade?

A un periodista se le puede exigir responsabilidad, criterio, compromiso ético. A “un periodista”, entrecomillas, no, aunque el destinatario final no pueda distinguir, de entrada, entre uno y otro. Aunque yo soy de los que creo que la audiencia cada vez está más formada e informada, por lo que cada vez puede ser más exigente, y saber separar el grano de la paja, no podemos ser ajenos a este “phising” de la información, que llegar, llega a todos por igual.

A un panorama poco regulado, en el que hasta ahora, prácticamente todo vale, se une la aparición del fenómeno de los blogs.

Con muy pocos medios técnicos, y unos mínimos conocimientos tecnológicos, cualquiera puede tener un blog. Un blog, concebido como algo personal, para hablar de tus cosas, de tus preocupaciones, pero también para informar y opinar.

Lo de la opinión, creo que no ofrece dudas a nadie, y si es así, háganselo mirar. Opinar puede opinar cualquiera de lo que quiera, y además con el atractivo que ahora ofrece la visibilidad global que proporcionan estos cuadernos de bitácora.

¿Informar? Pues aquí tenemos otro debate nuevo para nuestra maltratada e incomprendida profesión. Aunque aún tardará en generalizarse el fenómeno, ya existen experiencias en internet de blogs, de aquí, del vecino de al lado, que con una cámara digital y una lista de correo, están asentándose como “diarios digitales”, “portales de información”, llámenlo como quieran, con la complicidad de las instituciones, que tampoco saben muy bien como gestionar esta novedosa situación

El fenómeno, como les digo, es incipiente en España, y ni les cuento en Cantabria, pero en Estados Unidos, está generando debate.

En la NBA, los bloggers especialistas en baloncesto quieren acceder a los vestuarios de los jugadores como el resto de medios. Hace unos meses leí el caso de los Dallas Mavericks, y en internet, el debate está abierto, periodismo tradicional o periodismo ciudadano.

Yo digo PE-RIO-DIS-MO, sin conservantes ni colorantes, y sin apellidos, que no le hace falta.

Oscar San Emeterio

LETRAS DEL INFIERNO, por Fernando Collado ( publicado en El Mundo Hoy en Cantabria el 23 de junio de 2008 )

“La audiencia demanda cada vez más la ficha de las informaciones, como si fueran los ingredientes de un batido a punto de caducar”
Algunos políticos cántabros deben pensar que el periodismo es el infierno, ese lugar en el que plumas de fuego incineran a algunos personajes sin más, donde la información se mezcla con la opinión y el articulismo es tan alegre que se puede practicar con medio dedo de frente. La inflación de soportes es tanta y tan pintoresca que pasan por generadores de opinión personajes que lo tendrían complicado para decir algo ecuánime en una asamblea de vecinos. ¿La culpa?, de los editores. Ya no se puede invitar a cualquiera a cenar a casa porque acaba por romper la vajilla. El esperpento llega a cuestionarlo todo, incluso la mayoría democrática por la que fue elegido Revilla al frente del Gobierno, en una carrera de intrépidos que se disputan el título de campeón del mundo en contarla más gorda.

El monte del periodismo se ha convertido en orégano fácil, faltar a la verdad no tiene a veces castigo -no digamos la demagogia-, ya nadie pide un carné para identificar a un informador y da la sensación de que la proliferación de plumas y plumazos en lugar de beneficiar a la libertad de Prensa, o a la del ciudadano, ha acabado por intoxicarlo todo.

Desconozco por qué hay que tener una licencia en regla hasta para llevar a un perro por la vía pública y, sin embargo, nadie exige nada a personas individuales o empresas que pueden ejercer como periodistas sin serlo. Sacar a la luz un gratuito o un periódico en internet es más fácil que montar una tienda de chuches, luego algo falla.

La licenciatura o el carné no hacen al periodista, eso es cierto, pero el ’hacinamiento’ es ya tan evidente que los legisladores habrán de plantearse algún día qué requisitos son necesarios para lanzar una empresa informativa: carné, experiencia probada, prestigio, responsabilidad…

Se puede manejar un coche sin permiso de conducir, pero ello no significa que sea legal. Lo cierto es que la audiencia demanda cada vez más la ficha técnica de las informaciones, como si fueran los ingredientes de un batido a punto de caducar, y hace bien por salud democrática.

Si ustedes me preguntan si Cantabria -y España- necesita medios informativos fuertes, con una economía solvente, una línea editorial clara y periodistas que cuenten noticias, además de articulistas y editorialistas que las comenten, les diré que sí.

Porque no es ni más ni menos que el espíritu de la democracia, esto es, la libertad de expresión sobre la base del respeto y el pluralismo en su abanico más amplio. Ello, sin embargo, nada tiene que ver con el pseudoprofesionalismo -por definirlo suavemente-, el cajón de sastre donde lo mismo se borda que se desborda, los textos con sabor a tocino rancio o la demagogia como ‘lead’ de cualquier (des)información.

De ‘droite a gauche’ -o al revés, tanto monta- el panorama está ciertamente nublado. Que los políticos tomen partido es lo que se espera de ellos, que lo hagan los periodistas sobre bases ciertas es también deseable -la opinión bien fundamentada es en ocasiones tanto o más apreciada que una buena información-, pero pasar de ahí lleva al estrépito.

Como dijo Abraham Lincoln, puedes engañar a todo el mundo algún tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no podrás engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Gracias a la generosidad de Quique Gordaliza y Rojoyverde, he podido pasar una semana especialmente intensa sin apenas dar señales de vida… blogueras. Y no será porque no hay cosas para contar.

Estuve en el encuentro que cada año organizan los de la Asociación de Periodistas de Información Económica, la APIE, que aunque para un lunes a primera hora de la mañana es droga dura, no es menos cierto que en los turnos de preguntas uno recuerda cómo se debe tocar las narices a un político o a todo un presidente del BBVA.

Espero que Agudo, que estaba presente y en su breve intervención dejó alguna interesante reflexión, aprenda que la libertad de expresión es eso, auditar la información continuamente y tratar de ir un poco más allá. La ola se hace en los estadios, cuando tu equipo gana En el resto de casos es caer en el patetismo. Chapeau por los compis de Madrid y sus incisivas preguntas.

El encuentro de la APIE es el aperitivo que cada año se encarga de vestir la semana en la que también se procede a la inauguración oficial de la UIMP. Este año, bajo un sol de injusticia con el currito mileurista, tuvimos overbooking de autoridades oficiales. Afortunadamente, el Parlamento de Cantabria no tuvo la desafortunada idea de poner el debate de orientación política el mismo día que se inagurua oficialmente la UIMP. Algo que ha ocurrido otros años, con las consiguientes idas y venidas de la calle Alta al Paraninfo de la Magdalena.

Un Paraninfo que estuvo especialmente desangelado, con algo más de media entrada, aunque eso sí, iluminado por nuestra pedazo de ministra de Ciencia e Innovación, que hizo las delicias de los enamorados de la mujer estilizada, con gusto por el estilismo, y con un estilo innato que quitaba el sentido. A diferencia de Bibiana Aído a esta mujer le precedía su inmaculado curriculum, lo digo por lo de resaltar su indudable atractivo físico.

A esa ceremonia, en la que recuperamos para el paisaje a algún moscón que usurpa y manosea esta santa profesión y que suele siempre florecer en época estival y uimpera asistieron también El Chiquillo, y el delegado de Gobierno que se han vuelto a reunir esta semana, entre otras cosas, para que Iñigo tenga algo que llevarse a la boca en su segundo año de mandato municipal. Acabarán entendiéndose porque interesa a todos/as.

Tremenda ha estado Rosa Inés, que aunque devorada por una actualidad que no cesa, y que nos tiene ocupados en muchos frentes, siempre deja frases y reflexiones para el recuerdo. Ella tiene su hoja de ruta, y ahora toca vigilar a los que se van a pegar la excursión a Madrid, de Congreso Federal.

Ya saben, los congresos… esos cónclaves donde se hace la ola que no veas, gane tu partido o no.

Y es que en los congresos de los partidos caer en el patetismo… es tan fácil.

Amunt Valencia.

P.D.: Amunt Botín también, que mañana tiene Junta General Arrasadora… y encima en Cantabria, como siempre, aunque la región va como nunca.

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Si hace unos días era Revilla, hoy ha sido Lola Gorostiaga la que se ha pasado por los estudios de ONDA CERO SANTANDER para ser acribillada a preguntas comprometidas por varios periodistas (Onda Cero, Europa Press, TVE, y El Mundo Hoy en Cantabria).

Tras los cincuenta minutos de preguntas y respuestas, vale aquello de que las cosas se ven de una determinada manera dependiendo del cristal con el que se las mire. Los periodistas que se sentaron en la mesa pueden estar satisfechos de su trabajo, hicieron las preguntas que tenían que hacer. No se hicieron prisioneros ni concesiones a la galería, mucho congreso, mucha Blanca Rosa, mucho balance desde la catástrofe electoral de las autonómicas, y por supuesto, mucho Del Olmo.

Pero claro, una cosa es preguntar lo que tienes que preguntar y otra muy distinta que el invitado reparta titulares, como hizo Revilla. Lola se ha instalado en la teoría del frontón, aquella que dice que hay temas que digas lo que digas van a seguir dando titulares y motivo de duda a periodistas quisquillosos. En este caso el frontón no fueron los periodistas, sino la propia Lola, que no ha dado ni una sola concesión a quien buscara algo nuevo u original en su discurso.

Que si la critican por esto, pues otros no lo hacen. Que si piden la dimisión de Del Olmo, pues otros no la piden. Que si vaya vaya con los jefes de Madrid que la apoyan mucho, pues oye, es normal que lo hagan. Confesó que pensó en dimitir tras las autonómicas… aunque mucha gente la dijo, “cuidadín que estas muy comprometida con muchos proyectos progresistas”, y con muchos progresistas añadiría yo.

Vamos, que daba igual la pregunta que le hicieran, ella se iba por peteneras, para posiblemente provocar que mañana algún periódico maldicente titule que Lola no ha querido entrar en este o aquel tema. En fin, que los oyentes, mis pobres, pocas conclusiones nuevas habrán sacado.

Malo cuando un político sale contento de una entrevista, sobre todo si las preguntas van a la yugular de cuestiones que están en el centro del debate político. Y Lola sabe que hoy ha salido viva, cual trucha que por mucho que aprietes se te resbala entre las manos y vuelve al río.

Que digo trucha, un frontón la hostia.

P.D.: No sé si el mérito de lo de hoy es o no de su jefe de gabinete, pero lo que sí está claro es que ya se le echa de menos en la Delegación de Gobierno, donde su sucesor hace cosas muy raras.

Se nota que El Mundo Hoy en Cantabria quiere vender más ejemplares.

Desde mañana inicio mi colaboración con ellos en su columna de opinión de la página 2. La colaboración será semanal, y en principio el martes es el día elegido para que pueda publicar esas columnas.

Para mí como profesional es un privilegio y un motivo de orgullo que hayan querido contar conmigo, ofreciéndome un espacio de libertad con temática y contenido libres, en los que la única limitación son las más elementales normas de educación y respeto hacia las personas de las que hable.

Parte de la culpa la tenéis vosotros, los lectores de este blog (y de sus antecesores). Entre esos lectores puedo contar con orgullo con el director de El Mundo Hoy en Cantabria, que me ha confesado en más de una ocasión que nos lee con cierta asiduidad.

Digo nos, no sólo por mí o la gente que colabora (no con la regularidad que me gustaría) sino por los que participáis en los debates, a veces más encendidos otras veces menos, pero afortunadamente en un tono general aceptable, que aunque a los aludidos les pueda parecer  en ocasiones duro, creo que enriquece tanto este blog como la blogosfera cántabra en general.

Mi agradecimiento a todos, ya que parte de este logro profesional es vuestro. Gracias.

Mañana, a las ocho de la mañana os colgaré lo que he escrito sobre unos cuantos personajes que conocéis bien ya que hemos hablado de ellos largo y tendido. Como en el papel no puedo debatir con los lectores espero hacerlo cada semana con vosotros… aparte de hacerlo en los posts que con toda la reguralidad que mi cada día más escaso tiempo libre me permita seguiré colgando.

Gracias de nuevo… y  nos leemos.

P.D: No soy el único blogger en “salir del armario”, que sepáis que Javier Menéndez Llamazares tiene su columna cada jueves en las páginas de cultura (lógicamente) de ALERTA.

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DOCUMENTO IMPAGABLE EN ESTE LUNES EN EL QUE OTRO MÁS SE BAJA DEL CARRO DE RAJOY… COMO PASA EL TIEMPO.


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