Lo llaman política

DE CHANTAL, DEL ARZOBISPO Y DE LA MUERTE, por Quique Gordaliza

Posted on: marzo 27, 2008

Hace muchos años, cuando aún creía en los Reyes Magos, me contaron que Dios decidía cuándo y cómo nos subía al cielo, que después de morir resucitabas y si habías sido bueno te ganabas la vida eterna a su lado para cabreo del diablo. Con el tiempo las historias y sueños de la infancia chocaron con la cruda realidad: se esfumaron los Magos de Oriente y lo aprendido en la escuela y catequesis comenzó a resquebrajarse como un gigante con pies de barro en mi conciencia.A finales de los 60 la muerte aún se vivía en dentro del hogar; cuántas veces oí aquello de “le llevaron a morir a casa”. Con diez años escuché cómo unos de mis tíos, torturado por el dolor, pedía morirse. Mi abuela apelaba con sus rezos al buen Dios para que se le llevase cuanto antes y dejara de sufrir. Su voluntad se cumplió tras unos largos, larguísimos días de agonía… a esa edad y en esas circunstancias lo que sentí fue miedo. Pasados unos años aquel miedo se convirtió en rabia. ¿Por qué sufrió tanto mi tío Pin? Siempre me he respondido que eran otros tiempos, que la medicina no tenía las soluciones actuales; siempre he justificado su dolor y muerte como algo “normal” en aquella época. Nunca he culpado a Dios de su agonía es demasiado fácil, además de un recurso inútil sobre todo por la falta del respuesta del inculpado.

Estos recuerdos se han agolpado en mi memoria como consecuencia de la petición de eutanasia de Chantal Sebiré, la posición del gobierno francés y el casual sermón del arzobispo de Pamplona en Valladolid.

La solución aportada por el Estado francés –coma inducido hasta la muerte- es hipócrita, un paño caliente que no respondía ni solucionaba el deseo de Chantal. La muerte en ciertas circunstancias es una liberación, es lo que pensamos quienes somos partidarios de la eutanasia y así lo creía Chantal. No obstante, el Estado olvidándose de las libertades individuales, de los derechos más íntimos de la persona niega esta salida a un ciudadano condenado a morir por una enfermedad incurable. ¿Por qué? Nunca he comprendido del todo que se pueda mandar a la guerra, a la muerte, a jóvenes y no se permita morir a quien ya no tiene ningún futuro y además lo desea. Aplicamos la ‘inyección’ por piedad a nuestros animales y nos negamos a dar el descanso a quienes lo piden porque su vida ya no tiene sentido.

Yo respeto la opinión del Arzobispo aunque en absoluto la comparto; y él, por muy representante de Dios que se crea, debe respetar la mía. Decía este hombre de Fe que Cristo miró a la muerte cara a cara y yo le pregunto si acaso no la mira de frente y a los ojos  quien pide morir. No es cuestión de dignidad ni de cobardía, señor Arzobispo, dejémonos de sermones. La vida tiene un principio y un fin; sobre el principio poco podemos hacer pero sobre la salida de este valle de lágrimas, y a pesar de la religión, tenemos mucho que decir y legislar. Dejen hacer uso de la libertad a los hombres, acaben de una vez por todas con la continua injerencia de la religión en la vida de los seres humanos. Bastante dura es la vida por si sola como para que nos estén diciendo permanentemente lo que es bueno o malo, lo que debemos hacer o no. Y, sinceramente, si Dios existe a poco comprensivo que sea seguro que entenderá y perdonará nuestras dudas mejor que ustedes.

En cuanto a la afirmación de que Jesús no tuvo cuidados paliativos en la hora de su muerte finamente diré que es una metedura de pata, la negación del progreso. Con sentencias como esta aún estaríamos en las cuevas muriendo atrozmente por la infección de un uñero… si a usted le place esto aplíquelo a su existencia y deje en paz la del resto, incluido Dios

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1 Response to "DE CHANTAL, DEL ARZOBISPO Y DE LA MUERTE, por Quique Gordaliza"

Totalmente de acuerdo contigo Quique, lo que defiendes es sentido común, racionalidad. Defender lo contrario obedece a una moralidad anclada en una mentalidad egoista, y por decirlo de alguna manera poco abierta. Creo que es mucho más fácil defender lo que defiendes que defender lo contrario. Y para quien piense lo contrario, este es un buen medio para dejar argumentos.

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